lunes, 20 de febrero de 2017

metallic and ruffles trend. Volantes y metalizados

Your was the kiss that awoke my heart
There lingers still ´though we´re far apart
That taste of honey (that taste of honey)
Tasting more sweeter than wine
I will return, yes I will return
I´ll come back (he´ll come back)
For the honey (for the honey)
And you
      The Beatles

jueves, 16 de febrero de 2017

Maxi cardigan and mom fit

...Y ahora que empieza a entrar algo de luz en nuestra celda 
no dejamos de escuchar como nos gritan libertad ahí fuera. 
Solo nos queda esperar que la turba tire la puerta 
con golpes secos que me llenan la cabeza. 

Cuentan historias de vida y placer 
de soles que arden en tardes que no han de volver 
de mundos libres y de amantes que bailan desnudos 
y entre los bailes te juro que escucho tu voz otra vez... 
                                                  Izal

lunes, 13 de febrero de 2017

Tartan Dress

Crear visiones de lugares venideros y saber que siempre serán lejanos, inalcanzables como todo ideal. Huir lo viejo. Mirar el filo que corta un agua espumosa y pesada. Arrancarse de lo conocido. Beber lo que viene. Tener alma de proa. 
                                                                         Ricardo Güiraldes 

viernes, 10 de febrero de 2017

Wine experience

No hay tontería mayor y más común que la de amargarse por las tonterías del mundo

martes, 7 de febrero de 2017

Lady vs gentelman look

Cuando yo era pequeña nunca quería pisar charcos. No porque temiera mojarme los calcetines o pisar gusanos ahogados; era, en general, una criatura sucia, con una bienaventurada indiferencia hacia cualquier tipo de mugre.
Era porque no creía que aquel espejo liso sólo fuera una fina película de agua sobre la tierra sólida. Estaba persuadida de que era una puerta hacia algún espacio insondable. A veces, al ver las diminutas olas provocadas por mi proximidad, pensaba que el charco era profundísimo, un mar sin fondo en el que se ocultaban la perezosa espiral del tentáculo y el brillo de la escama, con la amenaza de enormes cuerpos y dientes agudos a la deriva, sin lentes, en las remotas profundidades.
Y entonces, bajando la vista al reflejo, veía mi propia cara redonda y mi pelo rizado en una extensión azul sin contornos, y pensaba en cambio que el charco era la entrada a otro cielo. Si lo pisaba caería de inmediato y seguiría cayendo, más y más, en el A espacio azul.
Sólo había un momento en que osaba caminar a través de un charco: era en el crepúsculo, cuando asomaban las estrellas vespertinas. Si al mirar en el agua veía allí un alfilerazo luminoso, entonces podía chapotear sin miedo, pues si caía en el charco y en el espacio podría aferrarme a esa estrella, al pasar, y estaría segura.
Aún ahora, cuando veo un charco en mi camino, mi mente se detiene a medias (aunque mis pies no lo hagan) y luego sigue su camino, dejando atrás sólo el eco del pensamiento:
¿Y si esta vez cayeras?
                                                       Dianna Gabaldon
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